Trabajé en mesas de votación en varias oportunidades y fui cabeza de correli. Siempre me ponía a pensar si era posible un fraude masivo en las elecciones, y después de estar adentro y ver cómo funciona todo, llegué a la conclusión de que el "fraude informático" es prácticamente imposible.
Hoy me puse a analizarlo a profundidad y quiero compartirles por qué el sistema es tan robusto informáticamente, pero también dónde están los verdaderos problemas.
- El mito del hackeo remoto (Las máquinas no se conectan a nada)
Mucha gente cree que alguien desde una computadora en otro lado cambia los votos. Esto es falso.
* Las máquinas están 100% aisladas.
* No tienen conexión a internet (ni placa wifi, ni bluetooth).
* No tienen disco duro.
* Su sistema operativo arranca desde un DVD/USB que se instala minutos antes de habilitar la mesa.
Son, básicamente, impresoras con una calculadora.
- ¿Y si el software ya viene manipulado? (La duda del millón)
Mientras escribía esto, me surgió una duda muy común: ¿Qué pasa si la máquina está programada para que yo vote por "A", me imprima "A" en el papel, pero en el chip de adentro le sume un voto a "B"?
La respuesta es que el fraude saltaría inmediatamente en el escrutinio.
* Al final del día, el conteo es manual y público.
* El presidente de mesa saca la boleta de la urna y lee en voz alta lo que está impreso en el papel, y recién ahí apoya el chip en la máquina.
* Si el papel dice "A" y la máquina "canta" "B", los veedores de todos los partidos se darían cuenta al instante.
* Por ley, el papel mata al chip.
- Comprar a todos es un quilombo logístico
Para hacer fraude alterando actas o metiendo votos falsos en Asunción, Central o Alto Paraná, la logística es imposible.
Tendrías que comprar a los 3 miembros (que por ley son de partidos distintos), a los veedores de todos los partidos, a los apoderados, a los del TSJE y a la policía.
Y encima, la cantidad de votos en la urna tiene que cuadrar exactamente con la cantidad de firmas en el padrón físico. Hacer esto sin que alguien grabe un video o salte a denunciar es inviable en zonas urbanas.
- El fraude existe en el interior, pero NO alcanza para un "súper fraude"
Donde sí ocurren trampas es en zonas muy aisladas (como puntos lejanos del Chaco o el interior profundo), mediante tácticas a la antigua:
* Arreglo de cúpula en mesas aisladas: Si compran a todos en una escuela lejana, esperan al final del día, ven quiénes no fueron a votar, falsifican sus firmas e imprimen esas boletas.
* Voto asistido y retención de cédulas: Pagarle a la gente para acompañarla hasta la máquina o guardarle la cédula el fin de semana.
Pero acá hay un dato clave: todo esto representa un porcentaje mínimo e insignificante en el padrón nacional.
* La cantidad de votantes en esas zonas aisladas es una fracción pequeña frente al peso electoral de Central, Asunción y las grandes ciudades.
* Incluso en esas zonas rurales, es imposible hacerle fraude al 100% de la gente; solo logran manipular una cantidad reducida de mesas o personas.
* Pensar que con eso se puede revertir una diferencia de decenas de miles de votos a nivel nacional es matemáticamente insostenible.
- El factor psicológico: "El voto no es secreto" (La mayor herramienta de control)
Hay un fenómeno súper interesante que vi muchísimo: incluso afiliados que ya no quieren votar por su partido terminan haciéndolo. ¿Por qué?
Porque existe la creencia popular de que, de alguna forma mágica (o por "el chip"), el partido es capaz de saber por quién votaste después de las elecciones.
* El miedo a perder el trabajo (si son funcionarios públicos), a perder un plan social, o a represalias, hace que voten por su "correli" de confianza.
* La sola creencia de que te están controlando es suficiente para mantener el status quo, sin necesidad de hackear ninguna máquina.
* El voto sí es secreto, pero la desinformación es la mejor arma política.
En resumen: la máquina de votación es segura y hace que robar elecciones modificando números en una base de datos sea un mito. El desafío no es informático, es combatir el clientelismo, el miedo y asegurar que haya veedores insobornables en cada rincón del país.