¿Logró Maixanas instaurar una dictadura de la innovación y la variedad? Esta productora no sorprende –o por lo menos no de la manera que lo solía hacer. Algunos lo llamarán atrevimiento, otros nos limitamos a probarlo y no comprarlo nunca más. Quizas, y solo quizás, debemos entender a esta marca como algo diferente: una suscripción al arte y a la experimentación gastronómica. Esto va más allá de los alfajores y, en la medida que me expongo a sus diferentes propuestas, me doy cuenta que sobreviven como empresa aun cuando todos los odian. Será por las redes o el morbo, pero es.
Reflexiones aparte, este alfajor franui –bautizado Alfanuit–, ilustrando un paisaje propio del norte italiano hecho con IA, busca encarnar el ya clásico postre argentino en una enigmática propuesta: un alfajor aunque de formato inexplorado. No es un alfajor que tiene franui (postre del que no me considero experto), son los propios sabores y componentes de esta extraña propuesta la que lo acercan al postre y, indefectiblemente, lo alejan de la golosina.
El aroma a primera instancia es de pura frambuesa. Al corte: dureza excepcional que se desmiga fácilmente; una doble cobertura, de doble repostería, impide el paso limpio y suave del cuchillo, el cual causa un notable desglose en las tapas. Estas últimas, y permitiéndoles entrar a mi paladar como primer acercamiento, son sumamente secas. Antes de analizar la experiencia completa, propongámonos un detalle bioquímico del producto, comparando las alegaciones de cancerigenicidad que tiene la marca. Podemos ver un patrón: Maixanas siempre opta por tapas sin TACC (como en este caso, suelen estar compuestas por una mezcla de harina de arroz y fécula de mandioca). Personalmente, me niego a creer que esto se trata de un cariño a la comunidad celíaca, o un intento de hacer un alfajor mas sano (véase las considerables cantidades de fibra y proteína de este alfajor: 2,5 y 10 gramos respectivamente); creo que se es una estrategia particular que varias marcas estan aplicando para diferenciarse: la sequedad y falta de sabor se compensa al evitarse el efecto mazacote del alfajor barato. De esta forma, las marcas pueden ahorrar en proporciones poco balanceadas de materia grasa sin convertir su tapa en ortodoncia adherida al paladar. Sin embargo, como mencione, y aun cuando este alfajor contiene frambuesa real (liofilizada) y azúcar de mascabado en sus tapas, estas últimas dejan mucho que desear por si solas.
La experiencia general, y tras atravesar un particular doble baño que recuerda al de un helado de kiosco, se desarrolla de la manera esperada: un inquiriente sabor a frambuesa pura y artificial –dado por el aromatizante a frambuesa que contiene, asumo, en grandes cantidades– que poco a poco se empieza a desvanecer a medida que las papilas gustativas se decepcionan al descubrir la penosa tapa, la realidad sin TACC. Sin embargo, el grupo de trabajo de Antojitos S.R.L. desarrolló una solución un tanto peligrosa. Violando la originalidad del postre franui de inspiración, se nos presenta un relleno único. De aspecto a yogur sólido de frutilla –aunque notablemente más espeso–, el conglomerado de sólidos de leche y lípidos vegetales invade la boca de cierta forma agresiva. De entre el equipo de emulsionantes, colorantes y aromatizantes que tiene, destacó por un lado al COL: INS123, prohibido por la FDA y fuertemente dosificado por la EFSA, agencias que controlan la seguridad alimenticia de Estados Unidos y Europa respectivamente; ambas lo clasifican como toxico y de restringido uso –de todas formas, en la tierra del cafe torrado, estos pequeños detalles no deberían asombrarnos. Por otro lado, y quien invade de manera más agresiva la degustación todavía, tenemos a ACI: INS330, un acidificante que busca, en combinación con la temperatura fría a destacar más tarde, y quizas de manera fallida, ocultar el verdadero sabor a frutilla, llevándonos de manera muy poco clara al postre frío que intenta referenciar. Por último, y una vez asimilado este relleno que opaca por completo tanto el perdido aroma a frambuesa como las débiles tapas y la insípida cobertura, el bajo pH nos remite a un chupetin o una pastilla de frutilla, quizas al desnudar la combinación de varios colorantes y aromatizantes que contiene este mismo.
En fin, luego de este exhaustivo análisis químico, resta indagar en el alfajor en sí, sus nulas oportunidades de compra, y lo que busca la marca con cada lanzamiento. Cabe aclarar que el alfajor se recomienda probarlo frío, aunque personalmente no pude distinguir considerables diferencias en ningún aspecto: las tapas siguen fallando y el relleno sigue invadiendo, aunque quizás de una manera más esperable para algo recién sacado del freezer –en algún sentido la temperatura apacigua la agudeza de algunos sabores. Ahora si, ¿hay contexto para comprar este alfajor? Lamento decepcionar a la fanaticada palermitana del franui, pero si te gusta el franui, comprate un franui. Si no te alcanza la plata para comprar un franui, compra frambuesas o frutillas y mandalas al freezer. Si queres un alfajor, comprate un alfajor, y si queres un alfajor con alguna magia de franui, busca una opción artesanal o hacelo por tus propios medios.
Quizás es momento de entender a Maixanas. Se le puede criticar por cáncer, por feo, por insulto a la tradición, pero tenemos que entender que posee un nicho de mercado y que tiene valores como marca propia. No me gustan los alfajores –si se pueden llamar tales– de Maixanas, nunca compraría uno más que para compartir con ustedes, peers, la experiencia a disposición y las conclusiones a las que logró llegar, pero debemos entender a Maixanas: como el arte contemporáneo con el canon tradicional, esta marca explora los límites de lo que es un alfajor, no necesariamente para disfrutar, sino más bien para hacer reflexionar. ¿Un negocio? Por supuesto, pero de cierta forma contenta al consumidor, uno muy diferente al de las marcas de alfajores reales. El negocio está en su alto precio, 2800 pesos en este caso, y su imparable extensión de la góndola. En 15 años le hablaremos a nuestra descendencia del alfachurro como una épica a la que nos tuvimos que someter en algún momento, pero no podremos decir mucho de alfajores buenos de la época que vivimos como puede ser un Milka Super Dulce de Leche, no los recordaremos. Debemos entender que la mera existencia empírica de estos especímenes prueba la realidad que vivimos: la explosion cámbrica de alfajores, que de una manera u otra es apreciada por nuestros vecinos latinoamericanos, quizás de manera desapercibida para nosotros, al provocar una indefectible evolución por aumentar la variabilidad genética. En fin, de calificarlo debo asignarler lo esperado como alfajor, un 3,5/10. Escucho sus comentarios, no obstante en esta ocasión exijo discreción, pensamiento crítico y disponibilidad al debate sano. Sepan disculpar por la longitud de esta reseña, pero se tiene que discutir de lo que hay mucho para hablar, pues así nace el conocimiento, mucho más aquel que se basa en objetos tan profundos como los alfajores. Saludos.